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Lalo Ibeas acerca de Pascual Arroyo: “Quiero rescatar la picardía que siempre ha tenido la música chilena”

Tras años de silencio discográfico, Lalo Ibeas inicia una nueva etapa creativa con Pascual Arroyo, un proyecto donde confluyen la cumbia, el humor popular, la tecnología, la programación y la cultura chilena.

Hay artistas que cambian de nombre para comenzar de nuevo. Otros simplemente buscan un sonido distinto. En el caso de Lalo Ibeas, Pascual Arroyo representa algo mucho más profundo: la posibilidad de reunir todas las obsesiones que lo han acompañado desde niño.

La música tropical, el humor chileno, los videojuegos, la programación, el cine, la inteligencia artificial y la cultura popular conviven en un proyecto que no pretende parecerse a nada de lo que hizo anteriormente con Chancho en Piedra.

En esta conversación, Ibeas habla sobre ese proceso creativo, la influencia de Los Hijos de Putre, el valor de la comedia como lenguaje artístico y la necesidad de concretar las ideas antes de que sea demasiado tarde.


Partiendo por este nuevo alter ego, Pascual Arroyo, ¿qué tan complejo fue salir del silencio musical después de la pausa de Chancho en Piedra? ¿Cómo fue reencontrarte con las ganas de crear y volver a publicar un disco?

Creo que la respuesta viene incluso de mucho antes, cuando era niño, mi papá tenía dos casetes de Los Hijos de Putre: uno era un grandes éxitos y el otro se llamaba “Con la concha para arriba“; me acuerdo de que se los sacaba escondidos para ir a escucharlos con mis amigos; era muy curioso, porque pasábamos de escuchar chistes y humor chileno a poner Metallica o Anthrax; en mi cabeza comenzó a mezclarse todo eso: el rock, el humor, la irreverencia, los garabatos y esa sensación de estar haciendo algo medio prohibido.

También pienso que, cuando era chico, lo chileno más popular no era precisamente el cine de autor o las grandes producciones, lo que uno veía eran esos VHS de humor, llenos de personajes irreverentes y de doble sentido; esa era, de alguna manera, la imagen cultural que tenía de Chile.

Lo mismo pasaba con la música, antes existían grupos como Los Caporales, Los Hermanos Campos o Los Hijos de Putre, donde el humor y la picardía formaban parte natural de las canciones. Con el tiempo eso se fue perdiendo.

Este proyecto nace justamente de esa necesidad de recuperar esa alegría, esa picardía tan propia de los chilenos y volver a ponerla en la música, además, la muerte de Jacinto Amoroso, vocalista de Los Hijos de Putre, fue un impulso importante para hacerle un homenaje y mantener vivo ese legado.


¿Esa fue también la razón por la que decidiste acercarte a la cumbia, un género tan popular?

Sí, la música de Jacinto era una cumbia muy folclórica, con mucho acordeón; de hecho, este primer sencillo terminó siendo el único tema del disco que no lleva acordeón, originalmente el demo sí lo tenía, pero cuando llegamos al estudio, Cristóbal Platz —que actualmente toca con Los Vásquez— me sugirió reemplazarlo por un órgano Farfisa; me explicó que le daría un sonido mucho más cercano a la cumbia de los años setenta.

Probamos ambas versiones y tenía toda la razón, el Farfisa le dio una personalidad distinta, mucho más cálida y antigua, además, como el resto de las canciones ya tenían acordeón, este tema terminó diferenciándose naturalmente del resto del disco.


El sencillo transmite justamente esa sensación. Tiene una cadencia que recuerda a esas fiestas familiares de antes.

Gran parte de ese mérito es del Negro de Los Tomo Como Rey. Los demos estaban hechos completamente con instrumentos virtuales y, cuando él comenzó a grabar guitarras y bajo, aportó muchísimo desde su experiencia, fue proponiendo distintos sonidos, maneras de tocar y recursos propios de la cumbia chilena. Ahí el disco realmente empezó a tomar identidad, eso me dejó muy contento porque existe una diferencia enorme entre escuchar un demo y escuchar el resultado final; cuando notas esa evolución, te das cuenta del aporte que hizo cada músico.

Además, el disco se grabó con muy pocas personas, el Negro hizo guitarras y bajo; Miguel González grabó batería y percusión; Cristóbal Platz estuvo a cargo de los teclados; y las voces y coros los grabamos prácticamente entre el Negro y yo; fue un proceso muy íntimo.


Hoy la tecnología también permite trabajar de una forma mucho más flexible.

Sí, completamente, antes era mucho más complicado conseguir distintas capas de voces o experimentar con los coros, ahora podemos probar muchas ideas con mayor libertad; incluso llegamos al punto de ponerles nombres a las distintas voces que aparecían en las canciones, como si fueran personajes; era muy entretenido porque después esos mismos personajes iban reapareciendo a lo largo del disco.

Escucha el single de “Lo Comido y lo Bailado” por acá:


Ahora que hablas de este nuevo proceso y de las herramientas actuales, ¿te has planteado hacer colaboraciones con otros artistas nacionales? Quizás con músicos de otros estilos.

La verdad es que todavía no, primero quería presentar este proyecto por sí solo; al final, Pascual Arroyo es un proyecto solista y necesitaba demostrar que podía sostenerse por sí mismo antes de sumar invitados; ahora, más adelante sí me gustaría hacer colaboraciones, todavía no tengo nombres definidos, aunque hay algunos artistas que me parecen muy entretenidos y con los que podría resultar algo inesperado, lo que sí tengo claro es que me gustaría invitar a personas que nadie espere ver dentro de este proyecto; creo que ahí está lo interesante: salir un poco de lo obvio y sorprender.

¿Qué artistas te están inspirando en esta etapa?

Últimamente he estado muy pegado con The Alan Parsons Project. También escucho bastante a una banda sueca que se llama Royal Republic.

Y, dentro de lo que inspira directamente a Pascual Arroyo, he escuchado muchísimo Las Garrafas Vacías, uno de los proyectos que tuvo Jacinto Amoroso, era una mezcla muy interesante entre cumbia y música disco, grabada a comienzos de los años ochenta, ese material me tiene muy inspirado; de hecho, una de esas canciones la versioné y será parte de esta segunda etapa del proyecto, probablemente sea uno de los próximos sencillos.


Todos terminamos construyendo nuestros proyectos a partir de distintas referencias. En ese sentido, ¿cuánto de ti hay realmente en Pascual Arroyo?

Muchísimo, Pascual Arroyo tiene mucho de las cosas que me gustan y de la forma en que entiendo la música, por ejemplo, el look del personaje no tiene ninguna relación con la cumbia, está inspirado en Devo, una banda que me acompaña desde que tenía unos cinco años.

Cada cierto tiempo vuelvo a descubrirlos y siempre encuentro algo nuevo: la manera en que escribían las canciones, sus videoclips, el concepto artístico completo, la forma en que entendían una banda, siento que les debo mucho de lo que soy como músico, siempre que pueda voy a dejar que esa influencia aparezca de alguna manera.


También hay un componente muy fuerte de humor en tu propuesta.

Sí, absolutamente; siempre he entendido la música como una forma de contar historias, me gusta que cada canción funcione casi como un cortometraje o una pequeña película. Pienso, por ejemplo, en canciones como María Teresa y Danilo: presentan a los personajes, desarrollan una historia y tienen un desenlace, son relatos completos, eso mismo traté de hacer con las canciones de este disco, cada una cuenta una historia que comienza, se desarrolla y termina, me gusta que queden cerradas, que tengan un arco narrativo.

Siento que, en la música latina bailable, la letra todavía tiene mucho peso, en cambio, en buena parte del pop o del rock anglosajón muchas veces la gente ni siquiera presta atención al significado de las canciones, a mí me gusta que las historias sean claras, que la canción te lleve de un punto a otro y que, cuando termine, tengas la sensación de haber visto una pequeña película.

Disfruta del video de “Lo Comido y lo Bailado” por acá:


Recordando también tus comienzos, Chancho en Piedra nació muy ligado al mundo de los cómics. ¿Nunca has pensado en expandir el universo de Pascual Arroyo hacia ese tipo de formatos?

La verdad es que un cómic no, pero sí he pensado varias veces en desarrollar un videojuego, no algo gigantesco ni demasiado ambicioso, sino un proyecto más pequeño, de esos juegos tipo sandbox, donde puedas recorrer un mundo y descubrir distintas cosas relacionadas con el personaje, es una idea que me entusiasma bastante porque siento que Pascual Arroyo tiene un universo que podría crecer más allá de la música.

Pascual Arroyo no se presenta solamente como un proyecto musical, sino como un universo creativo donde conviven la música, el humor, la narrativa, la estética visual e incluso la idea de desarrollar un videojuego; de igual manera es una buena idea lo del comic.

Hablando del videoclip, generó bastante conversación por el uso de inteligencia artificial. Soy diseñador y la verdad, encuentro entretenido ese tipo de propuestas porque juegan con esa sensación de realidad y ficción al mismo tiempo. En tu caso da la impresión de que existe una dualidad: por un lado hay ironía, pero por otro el trabajo está hecho muy seriamente, no parece simplemente un video generado con un par de instrucciones.

Es que justamente no fue así, además de músico, soy informático y programador; mi hermano trabaja en el área audiovisual, los dos somos muy “computines” y siempre estamos atentos a todas las tecnologías nuevas. Hay gente que no se pierde un Super Bowl o una final de la Champions, nosotros no nos perdemos las presentaciones de NVIDIA, Apple, Microsoft, Google o Xbox cuando muestran las nuevas herramientas.

Mi hermano está constantemente investigando generación de imágenes, generación de video y todas esas tecnologías, entonces este videoclip fue un proceso enorme de aprendizaje; vimos muchísimos tutoriales, investigamos herramientas y aprendimos cómo obtener resultados consistentes, porque una cosa es generar una imagen bonita y otra muy distinta es conseguir veinte escenas donde el personaje mantenga la misma ropa, la misma iluminación, el mismo rostro y la misma atmósfera.

Ahí recién empieza el verdadero trabajo, hay que entender de fotografía, de cine, de lentes, profundidad de campo, iluminación, color, composición… Todo eso sigue existiendo, la inteligencia artificial no reemplaza esos conocimientos; simplemente entrega una herramienta distinta para aplicarlos, y aún así, aparecen muchísimos errores; a veces un plano queda perfecto y el siguiente aparece con personas deformes, objetos imposibles o detalles completamente fuera de lugar, entonces corregir todo eso fue un trabajo larguísimo, meses de prueba y error.

Por eso me da un poco de lata cuando alguien piensa que simplemente escribimos un par de frases y el video apareció solo, detrás hubo muchísimo trabajo; tengo amigos programadores, personas dedicadas al desarrollo tecnológico y también mi hermano, que trabaja en efectos visuales, incluso hay profesionales chilenos que han participado en grandes producciones internacionales y, cuando ellos ven el videoclip y dicen “está muy bien hecho”, para mí ese comentario vale muchísimo más que cualquier crítica superficial.


También existe cierto miedo hacia la inteligencia artificial.

Sí, completamente, creo que incluso influye el nombre, si esta tecnología se hubiera llamado de otra forma, probablemente la reacción sería distinta; pero cuando escuchas “inteligencia artificial”, inmediatamente piensas que una máquina va a ser más inteligente que tú; y la verdad es que eso viene ocurriendo desde hace décadas.

Una calculadora resuelve en un segundo una operación matemática que a una persona le tomaría muchísimo más tiempo, los computadores llevan años haciendo tareas que nosotros no podemos hacer a esa velocidad.

Lo que ocurre ahora es simplemente una nueva etapa de esa evolución tecnológica, incluso esta conversación que estamos teniendo tampoco sería posible sin décadas de investigación en programación, compresión de audio, transmisión de video, redes y un montón de avances que hoy damos por sentados.

Para mí no hay magia, hay miles de personas que han dedicado años de su vida a desarrollar estas tecnologías, por eso prefiero mirar estas herramientas desde la curiosidad antes que desde el miedo.

“La inteligencia artificial no reemplaza el conocimiento; simplemente entrega una herramienta distinta para aplicarlo.” señala Lalo con una convicción clara a su formación como informático y programador.


Volviendo al disco, ¿qué otros estilos vamos a encontrar? ¿Hay espacio para la ranchera o todo gira en torno a la cumbia?

(Ríe.) Yo siempre pensé que eran cumbias rápidas, pero cada vez que le muestro las canciones a alguien me dice: “¡Ah, esto es ranchera!”. Creo que esa sensación viene principalmente por el acordeón; en realidad, yo no las canto como una ranchera tradicional, sino con mi propio estilo. Para mí siguen siendo cumbias, solamente que unas son más rápidas y otras tienen un tempo más relajado.

Lo que sí une a todo el disco es la intención, todas las canciones hablan de fiesta, humor y de rendir homenaje a la cultura chilena, quiero hablar de las cosas que vivimos todos los días, de nuestra forma de reírnos, de inventar chistes, de usar el doble sentido. Más que un estilo musical específico, mi aporte tiene que ver con decir: “Esto es Chile, así lo vivo yo y así me gustaría compartirlo”.


Tiene mucho sentido. Además, vienes del stand up y del humor, así que esa estructura narrativa aparece naturalmente en las canciones.

Claro, al final todo funciona con estructuras parecidas, un chiste tiene una premisa, desarrolla una historia, te hace creer una cosa y después gira completamente para rematar de otra forma; cuando entiendes esa lógica, puedes aplicarla a cualquier disciplina; con las canciones pasa exactamente igual, existe una estructura, un desarrollo, un clímax y un final; me gusta desarmar esas estructuras para entender cómo funcionan y después volver a construirlas a mi manera; creo que eso ocurre con todo lo que me interesa: la música, el humor, las historias, los videojuegos o el cine.

Cuando mezclas todas esas cosas que te apasionan, empiezan a aparecer ideas nuevas, ahí es donde surgen proyectos con una identidad propia.


Cuando el disco esté terminado, ¿piensas lanzarlo solamente en plataformas digitales o también te gustaría editarlo en formato físico?, en especial por la tradición de antaño de este tipo de música, pensarías en cassettes?

Es divertido porque hace poco un amigo me dijo que los cassettes se están vendiendo muchísimo otra vez, y yo le respondí: “¿Quién compra cassettes?”. (Ríe). Hace veinte años que no tengo una casetera. Con los vinilos pasó algo parecido. Mucha gente los compra aunque ni siquiera tenga un tocadiscos.

La verdad es que nunca lo había pensado demasiado, pero me encantaría tener una edición física; una portada en vinilo sería preciosa, incluso sacar un cassette hoy, en pleno siglo XXI, tendría algo muy especial, además, la tecnología actual permite hacer tirajes pequeños, casi de colección, así que perfectamente podría ser una opción más adelante, es una buena idea.


¿Y qué esperas que ocurra con Pascual Arroyo de aquí en adelante?

Me gustaría tocar en vivo, quiero que la gente baile, se ría y lo pase bien; también me gustaría que los niños encontraran aquí algo parecido a lo que yo encontré cuando era chico escuchando a Jacinto Amoroso.

Todavía hay canciones de él que me hacen reír muchísimo; hace poco estaba escuchando algunas con unos amigos y me seguían causando la misma gracia que cuando era niño; hay algo muy especial en ese tipo de humor, es casi como si estuviera escondido dentro de la música y solo ciertas personas conectaran con él.

Eso mismo me pasaba también con grupos como Los Twist; hoy vuelvo a escuchar esas canciones y pienso: “qué bien escritas están, qué simples y qué inteligentes”. Siento que la comedia muchas veces no recibe el lugar que merece, no se trata simplemente de contar un chiste, es una forma de enfrentar la vida; vivimos en un mundo complejo, pero también existen el humor, el arte, la música y todas esas cosas que hacen más llevadera la realidad. Eso es justamente lo que quiero transmitir con este proyecto.


También mencionabas hace un rato el terror. Da la impresión de que ambos géneros tienen puntos en común.

Sí, completamente; el terror y la comedia producen algo muy parecido: generan una reacción inmediata en las personas. Piensa, por ejemplo, en una película como Münich, dependiendo de quién seas o de tu historia personal, puedes interpretarla de maneras completamente distintas, en cambio, una escena de terror funciona casi igual para todo el mundo.

En cambio con la película Evil Dead tienes sobresaltos, la tensión, la claustrofobia… esas sensaciones son universales, con el humor pasa algo parecido, nos reímos por razones distintas, pero la risa termina uniéndonos; por eso siempre he sentido que el terror y la comedia están mucho más cerca de lo que parece.


Para terminar, dejando un momento a Pascual Arroyo de lado, ¿qué viene para Lalo? ¿Hay posibilidades de un regreso de Chancho en Piedra, un nuevo libro, más stand up?

Creo que, en algún momento, Chancho en Piedra volverá, no siento que sea algo cercano, probablemente tampoco dentro de los próximos años, pero sí creo que va a ocurrir, también me gustaría escribir otro libro y seguir haciendo Stand up

Me encantaría dirigir una película de terror; quiero terminar este disco de Pascual Arroyo y después hacer otro completamente distinto; tengo demasiadas ideas y, con el tiempo, uno empieza a darse cuenta de que no puede seguir postergándolas.

Siempre uno dice: “Ya lo haré después”, pero llega un momento en que entiendes que, si no empiezas ahora, probablemente nunca lo hagas, así que mi objetivo es ese: concretar la mayor cantidad posible de proyectos. Quiero seguir haciendo música, sacar más canciones, grabar más videoclips, tocar en vivo y sobre todo, crear cosas que hagan reír a la gente.

Ese, finalmente, es el propósito de todo lo que hago.

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